Mostrar las cartas
Casi nunca muestro mis cartas después de una mano de Texas hold’em: me gusta dejar a los rivales con la intriga.
Guardar tus manos en secreto es una buena forma de conseguir que tu estilo sea un misterio y de volver locos a tus rivales intentando descubrir cómo juegas. Si estás marcándote un farol y tus rivales lo sospechan, se volverán locos intentando descubrir si con el farol les has sacado de una mano ganadora y aunque ganes la mano y tus rivales se retiran, si no muestras tus cartas se preguntarán si tu mano era realmente la mejor.
A pesar de que no suelo mostrar mis cartas, eso no significa que no haya ocasiones en las que es bueno enseñarlas. Podemos destacar dos situaciones: si pretendes insinuar que estás jugando de forma opuesta a cómo estás jugando de verdad y si intentas que un rival se exalte. Cuando intentas definir un estilo de juego para que tus rivales reaccionen ante él, una de las fórmulas más infalibles de hacer que les quede claro tu estilo consiste en emplearlo para derrotar a tus rivales. De modo que enseñar tus cartas después de un farol es una buena forma de conseguir que tu forma de jugar se les quede grabada. Además, si observas que un jugador de online poker empieza a perder la compostura, mostrar tus cartas para demostrar que le has superado es una buena forma de llevarlo al terreno de la exaltación.
